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La semana ofrece una combinación poco habitual para los aficionados a la astronomía

La semana ofrece una combinación poco habitual para los aficionados a la astronomía


Los seguidores de la astronomía disfrutan estos días de un fenómeno muy poco común: el punto álgido de las perseidas se alinea temporalmente con un eclipse solar total. La falta de claridad de la luna facilitará la contemplación de las estrellas fugaces bajo ciertos escenarios.

Una coincidencia que despierta el interés de los observadores

El cielo del hemisferio norte tendrá esta semana dos acontecimientos astronómicos de especial interés. Por un lado, la lluvia de meteoros de las perseidas alcanzará su periodo de mayor actividad; por otro, un eclipse solar total recorrerá distintas regiones del planeta. La cercanía entre ambos fenómenos ha llamado la atención de astrónomos y aficionados, ya que se trata de una coincidencia poco frecuente.

Las perseidas podrán observarse durante la noche del miércoles y las primeras horas del jueves, mientras que el máximo de actividad está previsto para el jueves a las 10:53 a.m., hora del Este. La lluvia se caracteriza por producir numerosos destellos y, en algunas ocasiones, meteoros especialmente brillantes que pueden dejar estelas visibles durante unos segundos.

La NASA catalogó a las perseidas como una de las lluvias estelares más propicias para su avistamiento. Su actividad se agrupa fundamentalmente en el hemisferio norte, territorio en el cual los escenarios de visibilidad acostumbran a resultar más idóneos en la etapa de máxima actividad.

El eclipse solar total, por su parte, se producirá cuando la Luna se coloque directamente entre la Tierra y el Sol. Durante la fase de totalidad, el disco solar quedará completamente oculto y el cielo se oscurecerá temporalmente.

La trayectoria de totalidad abarcará zonas de Islandia, el norte de España y el noreste de Portugal, entre otros puntos. En regiones más amplias de Europa, el norte de Estados Unidos, Canadá y el noroeste de África, el fenómeno será visible de manera parcial, por lo que solo una parte del Sol quedará cubierta.

Aunque el eclipse y la lluvia de meteoros son fenómenos independientes, existe una relación indirecta que beneficia a quienes quieran observar el cielo nocturno. Los eclipses solares totales solamente ocurren durante la luna nueva, etapa en la que la Luna se encuentra entre la Tierra y el Sol.

Como consecuencia, durante la noche no habrá una Luna brillante que dificulte la identificación de los meteoros. La oscuridad natural del cielo puede permitir que los observadores detecten una mayor cantidad de partículas luminosas, especialmente si se encuentran lejos de las ciudades.

Robert Lunsford, coordinador de reportes de bólidos de la American Meteor Society, ha señalado que la cercanía entre el máximo de las perseidas y el eclipse constituye una coincidencia extremadamente poco común.

Las perseidas tienen su origen en un cometa

Las perseidas no aparecen de manera aleatoria. Su origen está relacionado con el cometa 109P/Swift-Tuttle, un cuerpo que recorre una órbita alrededor del Sol aproximadamente cada 133 años.

Durante sus desplazamientos por el sistema solar, el cometa deja partículas y fragmentos a lo largo de su trayectoria. Cuando la Tierra atraviesa esa región, algunos de esos materiales ingresan en la atmósfera a velocidades muy elevadas y producen los destellos que observamos como meteoros.

El cometa responsable de las perseidas no podrá verse durante esta lluvia. Lo que los observadores encontrarán en el cielo serán principalmente las partículas que dejó en su recorrido alrededor del Sol.

La perspectiva desde la Tierra hace que los meteoros parezcan proceder de una zona concreta del firmamento cercana a la constelación de Perseo. De ahí proviene el nombre de esta lluvia, que ha sido observada durante más de 2.000 años.

Su larga historia de observación ha convertido a las perseidas en uno de los fenómenos astronómicos más conocidos. Cada año, millones de personas esperan las noches de mayor actividad para intentar observar los destellos sin necesidad de utilizar telescopios.

Uno de los atractivos adicionales de esta lluvia es la posibilidad de encontrar bólidos. Se trata de meteoros especialmente luminosos que pueden producir destellos mucho más intensos que los habituales.

Cuando estos objetos atraviesan la atmósfera, parte de su material se vaporiza y puede generar estelas brillantes. Algunas adquieren tonalidades llamativas y permanecen visibles durante un tiempo ligeramente mayor que los meteoros menos luminosos.

Sin embargo, la cantidad de meteoros que una persona puede observar depende de las condiciones del lugar. La contaminación lumínica tiene un impacto considerable y puede ocultar los objetos menos brillantes.

En las zonas rurales del norte de Estados Unidos, por ejemplo, los aficionados logran divisar cerca de 30 a 50 meteoros cada hora si el clima acompaña. Dentro de los núcleos urbanos, en cambio, la cifra suele descender hasta unos 15 o 25 meteoros por hora.

En determinados años y bajo condiciones especialmente buenas, se han registrado cifras superiores, de hasta 90 meteoros visibles en una hora. Estas estimaciones no significan que todos los observadores puedan alcanzar ese número, ya que la experiencia depende de factores como el lugar, el clima, la iluminación y la dirección de observación.

Los expertos aconsejan asimismo que fijar la vista en un solo sector celeste puede provocar la pérdida de bastantes meteoros. Como los fragmentos surgen por distintas áreas del firmamento, resulta conveniente conservar una perspectiva panorámica y dejar que la vista se adapte a la penumbra.

Cómo aprovechar las mejores condiciones para observar meteoros

La ausencia de luz lunar será uno de los factores más favorables durante esta temporada de perseidas. La Luna nueva que acompaña al eclipse significa que el cielo nocturno tendrá menos iluminación natural, algo especialmente útil para distinguir los meteoros más débiles.

A pesar de ello, la contaminación lumínica continuará siendo un obstáculo primordial. Aquellas personas que cuenten con la oportunidad de desplazarse hacia entornos rurales o apartados de los grandes centros urbanos disfrutarán de mayores posibilidades de contemplar una gran cantidad de meteoros.

No es necesario disponer de equipos astronómicos especializados. De hecho, los meteoros pueden apreciarse mejor a simple vista porque aparecen en diferentes puntos del cielo y se desplazan rápidamente.

Una recomendación útil consiste en buscar un lugar con un horizonte relativamente despejado, apagar o alejarse de las fuentes de luz artificial y permanecer varios minutos en el exterior para permitir que la visión se adapte a la oscuridad.

Asimismo, se aconseja armarse de paciencia. El transcurso de una lluvia de estrellas no implica que se produzca un fogonazo de manera ininterrumpida cada pocos segundos. Es posible que surjan lapsos donde no se atisbe ni un solo cuerpo, al igual que fases en las cuales despunten distintos bólidos con escasa separación temporal.

La observación puede realizarse desde una posición cómoda, ya que mantener la cabeza elevada durante periodos prolongados puede resultar incómodo. Una silla reclinable o una superficie que permita mirar hacia arriba facilita la experiencia.

Las condiciones meteorológicas también son determinantes. Un cielo cubierto, la presencia de nubes o una atmósfera con poca visibilidad pueden impedir la observación incluso en lugares con baja contaminación lumínica.

Aquellos interesados en presenciar el eclipse precisan considerar una distinción esencial. Jamás hay que contemplar el Sol de forma directa en el transcurso de las fases parciales a menos que se empleen filtros solares avalados para la observación astronómica.

La seguridad requerida frente a un eclipse solar difiere de la necesaria para contemplar el firmamento nocturno. Los anteojos de sol habituales, las cámaras carentes de los filtros apropiados y otros procedimientos caseros resultan insuficientes para salvaguardar la vista al contemplar el Sol.

La coincidencia de ambos acontecimientos puede hacer que esta semana resulte especialmente atractiva para los aficionados, pero cada fenómeno debe observarse de acuerdo con sus propias condiciones y medidas de seguridad.

El valor científico de las lluvias de estrellas

Las lluvias de meteoros ofrecen un espectáculo visual, pero también constituyen una fuente de información para los científicos. Las partículas que llegan a la atmósfera proceden de cuerpos que han recorrido el sistema solar durante millones de años.

Estudiarlas permite conocer mejor los materiales que quedaron después de la formación de nuestro sistema planetario. Los cometas, en particular, conservan elementos que pueden aportar pistas sobre las primeras etapas de evolución del sistema solar.

Shannon Schmoll, directora del Planetario Abrams de la Universidad Estatal de Michigan, ha destacado que estos fragmentos representan restos de la formación del sistema solar. Analizar su procedencia y comportamiento permite ampliar el conocimiento sobre los objetos que comparten nuestro entorno cósmico.

El seguimiento de los cometas también puede ser importante para la navegación espacial y para evaluar las trayectorias de objetos que se aproximan a la Tierra. Conocer con precisión las órbitas permite determinar cuándo regresarán y qué distancia alcanzarán en sus futuros recorridos.

En el caso del cometa Swift-Tuttle, los datos reunidos a lo largo de muchos años de seguimiento facilitan la previsión de su rumbo y aportan una mayor comprensión sobre la procedencia de los fragmentos que originan las perseidas.

Los aficionados también pueden formar parte de este proceso. Las observaciones sistemáticas de lluvias de meteoros pueden aportar registros sobre el número de objetos visibles, sus trayectorias y los horarios en que aparecen.

Aunque contemplar una lluvia de estrellas fugaces suele arrancar como un pasatiempo, con frecuencia evoluciona hacia una vía para conectar con la ciencia. Distinguir constelaciones, ubicar el punto radiante de un fenómeno estelar y contabilizar las rocas espaciales avistadas resultan labores al alcance de cualquier entusiasta que aspire a adentrarse en la disciplina astronómica.

La experiencia tiene además un componente educativo. Mirar el cielo permite comprender que la Tierra se encuentra en movimiento permanente y que cada año atraviesa diferentes regiones del espacio.

Las perseidas son una muestra muy evidente de este vínculo. Este suceso tiene lugar cuando el globo terráqueo atraviesa los restos dejados por un cometa, lo que pone de manifiesto de qué manera sucesos acontecidos en desplazamientos previos del astro continúan manifestándose de forma perceptible mucho tiempo más tarde.

Más lluvias de meteoros llegarán durante los próximos meses

La actividad de las perseidas no será el último gran espectáculo de meteoros del año. El calendario astronómico incluye varias lluvias durante el otoño y el invierno, algunas de ellas conocidas por producir una cantidad considerable de objetos visibles.

Las delta acuáridas del sur y las alfa capricórnidas llegaron a su punto culminante al concluir julio, aunque todavía conservan cierta actividad a lo largo de agosto. Por esta razón, las jornadas posteriores al cénit de las perseidas aún brindan ocasiones propicias para avistar estrellas fugaces adscritas a estos enjambres.

Después llegarán las oriónidas, asociadas con los restos del cometa Halley, que alcanzarán su máxima actividad en octubre. Más adelante se producirán las táuridas, las leónidas y las gemínidas, esta última considerada una de las lluvias más destacadas del calendario anual.

Las circunstancias de observación se modifican con cada precipitación. La fase lunar, la meteorología y el brillo artificial condicionan la cantidad de estrellas fugaces que efectivamente se alcanzarán a avistar desde un punto específico.

Por esta razón, las jornadas de mayor actividad actúan simplemente a modo orientativo, aunque sin asegurar un volumen concreto de estrellas fugaces para cada aficionado. La táctica más acertada pasa por localizar enclaves sin contaminación lumínica, revisar el pronóstico del tiempo y destinar el periodo necesario al avistamiento.

La llegada de nuevas lluvias también permitirá comparar sus características. Algunas producen meteoros rápidos y brillantes, mientras que otras pueden presentar objetos más lentos o menos frecuentes.

Para los aficionados, seguir el calendario anual puede convertirse en una forma sencilla de mantener un contacto constante con la astronomía. No hace falta esperar a un eclipse o a un acontecimiento excepcional para observar el cielo: las lluvias de meteoros aparecen regularmente y ofrecen diferentes oportunidades durante todo el año.

Próximas lluvias de meteoros

Hay más lluvias de meteoros por delante este año. Estas son sus fechas de mayor actividad, según la Sociedad Estadounidense de Meteoros.

  • Oriónidas: 21-22 de octubre
  • Táuridas del sur: 4-5 de noviembre
  • Táuridas del norte: 11-12 de noviembre
  • Leónidas: 16-17 de noviembre
  • Gemínidas: 13-14 de diciembre
  • Úrsidas: 21-22 de diciembre

Para los entusiastas de la contemplación estelar, esta semana se presenta como un periodo excepcionalmente seductor debido a la convergencia entre las perseidas y un eclipse solar. A pesar de tratarse de fenómenos de naturaleza muy distinta, la proximidad de sus calendarios y la oscuridad nocturna propiciada por la fase lunar brindan un escenario idóneo para apreciar la lluvia de estrellas con total claridad.

Aparte de su gran valor estético, estos acontecimientos sirven para evidenciar el vínculo permanente que une a nuestro planeta con los cuerpos celestes que surcan el sistema solar. Cualquier meteoro que surque la bóveda celeste constituye la consecuencia directa del choque entre la Tierra y restos originados en diferentes astros.

Para los aficionados, la recomendación es aprovechar las horas nocturnas, alejarse en lo posible de las luces urbanas y observar el cielo con paciencia. Las perseidas no necesitan telescopios ni equipos sofisticados para ser disfrutadas, solo un lugar adecuado y buenas condiciones.

La temporada astronómica proseguirá en los meses venideros con la llegada de nuevas lluvias de estrellas. De este modo, aquellos que se pierdan el esplendor máximo de las perseidas disfrutarán de nuevas ocasiones para alzar la vista al firmamento y admirar otros eventos que, a pesar de suceder a millones de kilómetros, se aprecian desde nuestro planeta sin necesidad de instrumentos.

Por Sofía Aranda

Especialista en Economía

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